Por fin, después de mucha espera logramos ponernos detrás del volante del totalmente nuevo Mazda3. Las promesas de superación de la marca en este nuevo vehículo crearon muy altas expectativas de lo que sería esta nueva generación.

Desde su presentación, Mazda nos adelantó que uno de los ámbitos en los que mayor inversión y desarrollo tuvo fue el interior. La marca japonesa cada vez apunta más alto en cuanto a calidad interior y confort. Podríamos decir que el parteaguas de este nuevo lenguaje de diseño fue el Mazda6.

De lo común al lujo

Una vez que nos encontramos en el interior se percibe una sensación de superioridad en materiales. Realmente nos hace sentir que estamos en un auto de un segmento más caro. Plásticos suaves en la parte superior del tablero, piel genuina recorriendo la parte media y uno que otro inserto en aluminio realzan la calidad percibida.

Digno de ser considerado un auto prémium, la calidad de los materiales no se limita solo a las plazas delanteras. Esto se extiende a la parte trasera, de tal modo que los pasajeros van en total comodidad.

El elemento que se ve que tuvo más desarrollo e investigación son los asientos delanteros. Se desarrollaron en función de la anatomía de nuestras espaldas. El resultado es un asiento extremadamente cómodo. Estos, tienen un diseño en “S”, según Mazda, especial para brindar soporte lumbar en cuanto ocupas el asiento.

En la parte central del tablero encontramos la pantalla del sistema de entretenimiento de 8 pulgadas. Ahora, ya no es táctil y se encuentra un poco más alejada y con una apariencia flotante. Se controla mediante el joystick en la consola central. Cabe mencionar que ya cuenta con Android Auto y Apple CarPlay integrado. El diseño del volante es nuevo. Es más elegante y de cierta forma deportivo. Contamos con los típicos controles de audio, comandos por voz y de la computadora de viaje integrados a este. En la parte superior destaca un head-up display, una pantalla de 7 pulgadas que se coloca por encima del tablero para no quitar la vista del camina. La variedad de información disponible así como la buena resolución de esta, lo hace un elemento que lo diferencia de sus rivales.

¿Sigue siendo deportivo?

Lo más criticado entre los técnicos desde su lanzamiento ha sido el cambio de suspensión trasera independiente por una de eje rígido. El modelo anterior se caracterizaba por otorgar una gran sensación de manejo deportivo, parte de su éxito era la suspensión trasera independiente.

La nueva suspensión otorga una marcha más firme pero no incómoda. Definitivamente el auto transmite el mismo nivel de confianza de antes. Para mediar el eje rígido posterior se ha implementado el sistema G-Vectoring. A la hora de tomar una curva cerrada a alta velocidad, este sistema aplica el freno a la llanta posterior interna a la curva. Esto ayuda a controlar el subviraje y no perder el control durante la maniobra.

En cuanto a motorización, la oferta se limita al motor SkyActiveG de 2.5 Litros de que otorga 186 caballos y 186 lb/ft de torque. Esto es más que suficiente para generar una buena sensación de manejo deportivo y al mismo tiempo entregar consumos decentes de combustible.

La tragedia de las marcas masivas

Realmente es difícil encontrar puntos negativos para este auto y esto sólo reafirma su dominio en el segmento. Quizá una de las cosas que contrasta es la calidad de la llave. Si bien es un nuevo diseño, el material del que está hecha se siente inferior. El espacio para los ocupantes traseros es un poco reducido y no contamos con salidas de aire. En pocas palabras, este auto se superó y es mejor que su predecesor.

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